TALLER DE CONSTRUCCIÓN DE FELICIDAD
DESDE LA HIPERIDENTIDAD
Proyecto que se ocupa de un proceso de construcción artificial de una identidad de manera colectiva (hiperidentidad) y que afecta al ser humano así creado dentro de los entornos políticos, sociales, económicos, tecnológicos y naturales en los que se inserta.
INTRODUCCIÓN
Si la personalidad individual corresponde a la manera característica con la pensamos, sentimos y actuamos, han de ser los rasgos de conducta los que nos identifiquen de cara a los otros, y en gran medida también de cara al entorno social. Desde un punto de vista humanista, esta personalidad estaría en continua construcción, de modo que en función del grado de autoconocimiento así será la evolución de nuestra personalidad dentro del medio.
La perspectiva sociocognitiva centra precisamente su atención en la interacción entre el individuo y el ambiente. Conducta, factores personales internos e influencias ambientales operan como determinantes entrelazados. Así, los hábitos de consumo (pasado) influyen en las preferencias de consumo (presente) que a su vez generan un tipo de mercado (factor ambiental) que más tarde influirá sobre los hábitos de consumo (en futuro y generando un nuevo ciclo). Dentro de esta compleja ecuación en la que yo y ambiente juegan papeles con frecuencia enfrentados, el individuo reacciona desde una posición de control, ya sea mediante un locus de control externo (predomina la creencia de que son las fuerzas externas las que determinan el destino), o mediante un locus de control interno (bajo la seguridad de que es yo quien determina el futuro). Este último correspondería no sólo con un mayor optimismo sino con una capacidad mayor de consecución de bienestar. Parafraseando a Séneca, felices son los que eligen su propio camino.
Este modo de comprender la personalidad individual podría llevarnos a una conclusión aventurada: Son aquellas sociedades que permiten un mayor locus de control interno, es decir, las que toleran un auténtico desarrollo individual de autocontrol, las que a su vez generan condiciones de mayor bienestar. Las democracias estables surgidas a partir de la segunda mitad del siglo XX cumplirían esta hipótesis, pues en ellas subsiste una valorización positiva de la libertad personal y la capacitación del individuo dentro del medio, de acuerdo con la filosofía individualista del capitalismo avanzado. Sin embargo, es obvio que no necesariamente la consecución del bienestar está ligada al hecho de habitar en sociedades democráticas avanzadas. En ellas no está erradicado el sentimiento de desamparo entre sus individuos, como tampoco es segura la consecución de una salud psíquica (en términos de optimismo). Por el contrario, y en pleno siglo XXI, se percibe en estas sociedades una permanente insatisfacción de gran parte de sus miembros, que no logran cumplir sus deseos de desarrollo personal frente a las demandas impuestas por el entorno.
La poderosa maquinaria del ambiente actúa de manera perversa: Lo que el individuo percibe como autocontrol responde con frecuencia a eventuales mecanismos de mercado. El estigma de la presión ambiental no siempre permanece invisible, con frecuencia se muestra sin pudor como auténtico fruto del deseo de los individuos. Frente a esta presión, el yo genera inevitables mecanismos de individualización para una búsqueda efectiva de la felicidad, mecanismos que a su vez son reabsorbidos por el mercado para la fabricación de cánones estables de comportamiento.
Así, aunque aparentemente caracterizadas por un fuerte individualismo en el que el comportamiento viene dado por el desarrollo individual de cada una de las personalidades que las componen, las sociedades democráticas contemporáneas imponen desde las estructuras económicas y de poder una gran influencia sobre los individuos a través de normas y roles sociales, de tal modo que su comportamiento se vea mediatizado inevitablemente.
La felicidad que el mercado oferta no tiene límites y está al alcance de todos, basta con tener un buen físico, un buen trabajo, una buena posición social, una buena salud, etc. Es evidente que no todo el mundo podrá conseguir grados aceptables de felicidad. Si bien en momentos de auge económico estos individuos (fracasados) ocupaban los márgenes, lo cierto es que a medida que los objetos de deseo permanecen visibles pero son cada vez más inasequibles (en tiempos de crisis) la marginación alcanza a amplias capas sociales, estableciendo una traumática polarización entre los que pueden desarrollar su personalidad en términos de optimismo y aquellos otros individuos que ven con pesimismo la imposibilidad de llegar a ser felices.
DESARROLLO
Si en una primera fase Violeta Zat buscaba la felicidad siguiendo las normas de lo que de una mujer excelente se espera, en esta segunda fase Violeta Zat habrá conseguido la felicidad y serán los agentes manipuladores de su identidad los encargados de gestionarla.
La fabricación artificial e irónica de un individuo feliz (Violeta Zat) que interactúa y provoca tensiones en el medio social en el que se inserta habrá de generar en consecuencia posicionamientos no sólo políticos sino estéticos, derivados del modo en el que esta manipulación se ejercita.
Hipótesis: Violeta Zat es feliz
TALLER:
DURACIÓN: 10 DÍAS
Primer y segundo día: Sobre la hipótesis “Violeta es feliz”, se responderá a las siguientes cuestiones:
1. ¿Qué significa ser feliz?
2. ¿Cómo implementar la felicidad en la personalidad de Violeta Zat?
3. ¿De qué modo intervienen los artistas colaboradores en la construcción de la hiperidentidad feliz dentro del entorno de Violeta Zat?
4. ¿Cúales son las áreas y redes sociales en las que se ha de interactuar?
5. ¿Cómo interactuar de modo creativo?
Así mismo, se llevará a cabo la configuración física de las nuevas “Violetas Zats” y se realizará un estudio del entorno en el que se desenvolverá Zat, para la fabricación de pautas comunes.
Tercero a séptimo día: Creación de streaming. Inserciones en redes sociales. Avance colectivo de la nueva web personal, creación de blogs, mejora y visibilidad del posicionamiento de Violeta Zat en la Red. Profusión de la actividad y producción de la información. Expansión de la hiperidentidad.
Octavo y noveno día: Creación de líneas dramatúrgicas de interacción social y de interactuación entre las identidades creadas.
Décimo día: Apertura de nuevas posibilidades. Análisis de datos. Recogida y ordenamiento de información para su exposición.